Para asesinar con impunidad
conviértase en un ejecutivo
Por Jeff Milchen y Jonathan Power
Junio 16, 2001
Timothy McVeigh será casi seguramente ejecutado por la muerte de 168 personas en Oklahoma City.
Mientras tanto, la Administración Nacional de Seguridad en el Tráfico de Carreteras (NHTSA, en inglés) tiene un registro de 174 muertos y más de 700 heridos, y miles de quejas, con respecto a accidentes de carros Ford Explorer por la repentina ruptura de las ruedas Firestone (que en el Explorer vienen instaladas por la fábrica). Además, se afirma que otras 48 muertes en Venezuela y en el Medio Oriente se deben al mismo problema.
Pero hasta ahora no se han presentado cargos formales en EEUU contra los ejecutivos responsables.
En agosto pasado, la compañía Bridgestone/Firestone Inc. anunció el reemplazo voluntario de 6,5 millones de neumáticos, la mayoría de los cuales eran parte del equipamiento original del Explorer, un vehículo que tiende a volcarse. Para esa época, Firestone ya había reemplado, durante más de un añp, neumáticos defectuosos en otros 16 países, sin revelar el peligro a los ciudadanos de EEUU.
Representantes de Ford y de Firestone recibieron quejas desde 1997, y sabían que los neumáticos defectuosos habían causado 35 muertes y 130 heridas antes de que el gobierno federal lanzase su propia investigación a principios de este año. Los sabían porque esa información era parte de las docenas de demandas judiciales presentadas por los sobrevivientes o por los familiares de las víctimas fatales de esos accidentes.
Claramente, los ejecutivos de Ford y de Firestone con toda intención dejaron productos en el mercado que sabían eran productos inseguros. Ellos sabían que personas inocentes morirían. Y sus acciones, en definitiva, causaron más muertes que el atentado dinamitero de McVeigh.
Al comparar estos dos casos queda gráficamente ilustrado el doble enfoque que la sociedad de EEUU tiene con respecto a responsabilidad y justicia. A la vez que muchos políticos afirman hasta el cansancio que "hay que ser duros con el crimen", ignoran que el costo que la sociedad paga por los crímenes cometidos por las corporaciones excede al costo de los criminales de la calle, tanto en dinero como en vidas humanas. Las personas con puestos ejecutivos altos en las corporaciones, como en el caso de Ford y de Firestone, simplemente cometen asesinatos sin que nadie los acuse.
Los ejecutivos de las corporaciones a menudo analizan los costos y los beneficios de potenciales demandas judiciales o multas por acciones criminales (estas multas se pueden deducir de impuestos porque forman parte de las actividades del negocio), y comparan esa cifra con lo que costaría reemplazar voluntariamente el material defectuoso o implementar medidas de seguridad. La tarea de estos ejecutivos es decidir cuál de las dos opciones da más ganancias, como lo demuestra una nota interna de Ford en 1973 con respecto a problemas en el tanque de gasolina del Ford Pinto. Literalmente, los ejecutivos le pusieron un precio a la vida humana ($200.000 dólares) y a las quemaduras ($67.000) y calcularon que no valía la pena solucionar el problema del tanque de combustible del Ford Pinto (a $11 dólares por carro), para salvar vidas y prevenir quemaduras.
Los ejecutivos de Ford y de Firestone pueden cometer impunemente estas acciones en parte por sus contribuciones monetarias a las campañas de los miembros del Congreso. Desde 1995, Ford ha hecho contribuciones por más de $1.200 millones de dólares para diversos partidos y candidatos. Otros $400.000 dólares fueron parte de un paquete de contribuciones de Ford para ciertos candidatos.
Esa generosidad ha tenido su recompensa. Gracias a los esfuerzos de políticos que recibieron dinero de Ford, como el Rep. John D. Dingell (D-Mich.), el presupuesto de la NHTSA es ahora 36 por ciento menos de lo que era en 1980. Y hasta el reciente problema de Ford y Firestone, esta agencia no podía ni siquiera dar a conocer el potencial para volcarse que tienen ciertos vehículos utilitarios deportivos (conocidos en inglés como SUV).
¿Qué se puede hacer para prevenir que más víctimas inocentes sean asesinadas por las corporaciones? Primero, se bede quitar el escudo legal que ahora protege a los crímenes cometidos por ejecutivos mientras están trabajando para una compañía. Los altos ejecutivos, como Jacques Nasser, gerente general de Ford, y Masatoshi Ono, gerente general de Firestone en el momento de los crímenes, y las respectivas juntas directivas, deben ser declarados responsables por las muertes, las heridas y las enfermedades causadas por sus acciones.
Pero sería un grave error creer el crimen de las corporaciones es un problema de unos pocos ejecutivos malos. El sistema que permite que el costo de un producto (incluso si es defectuoso) se anteponga a la salud de un ser humano, e incluso a la vida de una persona, debe ser cambiado totalmente.
Se necesita reclamar la verdadera autoridad de la democracia sobre las corporaciones y protegernos nosotros mismos de corporaciones inescrupulosas. Debemos aprender de los fundarores de EEUU, quienes a menudo "condenaban a muerte" a las corporaciones, es decir, revocaban los artículos de incorporación de aquellas corporaciones cuyas acciones causaban daño a la sociedad.
Actos terroristas como los de Oklahoma City son impredecibles y difíciles de anticipar, y por eso se llevan toda la atención de la prensa, que los hace aparecer como una amenaza mucho mayor de la que realmente son. Pero el gran número de muertes que resultan de las acciones en juntas directivas sí se puede prevenir y anticipar. Deberíamos concentrarnos en esta amenaza y reiniciar un sistema de castigo adecuado para las corporaciones criminales.
Por Jeff Milchen y Jonathan Power
Milchen es el fundador de ReclaimDemocracy.org, una organización comunitaria de base dedicada a revitalizar la democracia. Power es un voluntario.


